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I

Sí, en medio de frailejones de más de tres metros lo vi llegar, era una madrugada oscura, nublada, traía puesta una ruana café y debajo de ella su típico uniforme atigrado, en su mano derecha empuñaba un fusil Galil y de uno de los bolsillos de su chaleco de guerra, colgaba un colmillo de Jaguar. En su cara, una barba roja y una sonrisa que iluminaba la madrugada. Detrás de él, agitado pero apurado venía Moisés, su mascota, un ovejo que le había regalado una familia campesina paramuna. Más atrás venían los guerreros que lo acompañaban, Julián (pichis), Yanet, Aldemar (Morroco), Gonzalo, Ricardo y Raulito.

El joven de barba roja es el comandante Mauricio, 28 años de edad, político, estratega en comandar batallas contra la incursión paramilitar y formador de insurgentes. Modesto en su forma de vida, audaz para tomar decisiones y durísimo a la hora de exigir respeto a los principios organizativos, políticos y a la disciplina revolucionaria.

Esa mañana, antes del desayuno Mauricio hizo estímulos al grupo de comisión guerrillera de la zona que estaba bajo la responsabilidad del viejo Silvio (Arcesio Lemus), para apoyarlos en el desarrollo de sus capacidades de trabajo organizativo. Terminado el intercambio, se quedó mirándonos y exclamó: —Es un deber el respeto absoluto por la iniciativa creadora de la guerrilla. —y tras una breve pausa, preguntó—: ¿Tomás, me trajiste la cámara y las hormigas culonas?

Le entregué una libra de esos insectos, y ansioso, olió a profundidad el paquete con sus hormigas.

 

 

II

El terruño de mauricio es en una zona rural de Simacota, región comunera. El magnicidio del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948 en Bogotá, produciría una insurrección que pretendía derrocar al genocida conservador Mariano Ospina Pérez. La respuesta por parte del Ejército a la indignación popular, fue el asesinato de más de mil ciudadanos que se alzaron en la capital. La política criminal de los conservadores se extendería a otros departamentos, llegando a la región comunera. El papá de Mauricio era de posición política liberal, y con dos fusiles y dos revólveres defendió la tierra de su comunidad del hostigamiento conservador.

Los que conocieron la niñez de Mauricio narran que escuchaba atento en voz de su papá la historia de un grupo de guerrilleros que tras cruzar la cordillera de los cobardes se tomarían Simacota el 7 de enero de 1965, y cuyo objetivo principal era lanzar públicamente el nombre de la naciente organización rebelde; Ejército de Liberación Nacional – ELN.

Que la gente decía que en la toma había muerto un guerrillero (Pedro Gordillo o capitán Parmenio), y que entre murmullos comentaban que debía ser una persona importante, porque tenía calzoncillos nuevos.

Mauricio se fue a vivir con una parte de su familia a Bogotá, en donde terminó el bachillerato en un colegio que está ubicado por la carrera séptima en el centro de la ciudad, en cuya fachada dice, colegio Camilo Torres. —el colegio hace referencia a Camilo Torres Tenorio, el político que fue elegido presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada en 1815—. En épocas de movilizaciones, los estudiantes escriben con aerosol, en seguida del Torres, “Restrepo ¡Vive!”.

El joven santandereano se incorpora a la comunidad de vida del ELN en 1996, en un proyecto de guerrilla rural en el departamento de Cundinamarca cerca a Bogotá llamado «La Esperanza», y que al poco tiempo toma el nombre de Isaác Zabala.

Los más curtidos en la historia del ELN cuentan que las delaciones propiciadas por jefes locales del Partido Comunista a las bases políticas del Isaác Zabala, desencadenaron operaciones de tropas gubernamentales en las zonas en donde se consolidaba el Frente Guerrillero. Al mismo tiempo, actitudes criminales de las Farc contra las compañeras y compañeros del Zabala producirían choques armados entre guerrillas en ese departamento.

Unos años pasaron para que la dirección del Isaác Zabala tomara la decisión política de trasladar y preservar el grupo en el norte del Tolima.

Mauricio cae preso por delación de un traidor que viajaba con él en un desplazamiento hacia la ciudad de Bogotá, pero trascurrido algún tiempo, y ágil como el jaguar, participó en una heroica fuga masiva de presos de la cárcel La Picota, en junio del 2001, y posteriormente regresa al Tolima en donde participa en la reunión en la que se le da fusión a los Frentes Guerrilleros Isaác Zabala y Bolcheviques del Líbano.

 

III

—Déjame ver la cámara. —me dice Mauricio mientras organizábamos los morrales para emprender el camino.

Era una cámara digital Sony, compacta, silenciosa. Al conductor guerrillero le atraía el universo de la imagen fotográfica como medio perfecto de expresión. Asimismo, estaba interesado por aprender sobre contenido, y aspectos técnicos que involucran una fotografía. Sí, el don divino para captar momentos inolvidables.

Cuando le estaba entregando la cámara me pregunta:

—¿Es verdad que existen fotos de los Bolcheviques del 29?

Le respondí: —Tengo cuatro o cinco, son de color sepia, se ven las huellas de las bombas del levantamiento armado, entre ellas hay un retrato de Pedro de Narváez uno de sus principales líderes, una foto de un Bolchevique junto al depósito de bombas artesanales que utilizaron en la insurrección, la de otro líder asesinado con el rostro golpeado, y una donde están reunidos siete integrantes del grupo. —mientras se saboreaba un puñado de hormigas culonas, y con una oscilación del dedo índice, me expresa—:

—El dolor de la historia es inmenso. —y me precisó—:

—A la próxima, me traes una copia de esas fotos.

Percibí, que el comandante Mauricio había incorporado a su arcilla la heroica lucha del movimiento Bolchevique. Trecientos quijotes que en unidad de acción artesana y campesina avanzaban por cuatro lugares diferentes en la madrugada del 29 de julio de 1929, para arrebatarle a la élite departamental los principales puestos de autoridad del municipio de El Líbano Tolima.

—»¡Tenemos hambre, viva la revolución!». —gritaban los insurrectos, creyendo que había una sublevación general en toda Colombia—.

La revuelta nacional se estaba promoviendo desde unos meses antes por El Partido Socialista Revolucionario. Sin embargo, las autoridades nacionales se habían enterado de los planes y los líderes del PSR decidieron abortar las acciones programadas.

Los Bolcheviques pretendían la toma del poder he implementar las ideas del socialismo y un cambio radical en sus condiciones laborales, pero el levantamiento en El Líbano fue fallido, y reprimido con un encarnizamiento sin límites.

 

IV

Tras recorrer un largo camino, la marcha del pequeño grupo guerrillero se detiene. A nuestro alrededor, legiones de frailejones realizando su actividad como fábricas naturales generadoras y reguladoras de agua que alimentan las tierras agrícolas, las ciudades y pueblos del centro del país.

Al frente nuestro, con un profundo fondo color azul, cubierto de poca nieve y con una altura de 5.220 msnm, el estratovolcán nevado del Tolima.

Aún hay gente que le dice nevado del Dulima, haciendo referencia a una guerrera indígena que combatió a los expoliadores españoles en la época de la colonización.

—Aquí hay una buena foto. —dice Mauricio sacando la cámara de su morral, y agregó—: Estamos ubicados en el lugar correcto, y a la hora adecuada.

Mientras mis ojos miraban fijamente la inmensa escultura natural que se inclinaba hacia el cielo, les dije a los muchachos con cara de asombro:

—Ahora mismo, me siento como el coronel Aureliano Buendía cuando su padre lo llevó a conocer el hielo. —algunos muchachos se reían por el comentario—.

Julián, secaba el sudor de su frente con su pañuelo verde, y con cara de amargado, me dice: —Mucho huevón.

Mauricio había obturado la cámara, atrapó un instante, solo le bastó una fracción de segundo en captarlo. Para algunos compañeros, Mauricio había tomado una foto casual. Pero no es así, cuando Mauricio había colocado el ojo en el visor microsegundos antes de tomar la foto, ya era una imagen cargada de significado: Estaba inmortalizando para el presente una fotografía de la tierra en la que dejábamos nuestra juventud, se habían sembrado vidas, y perdimos otras tantas.

—¿Tomás, la primera insurrección comunista armada en América Latina? —preguntaba Mauricio volviendo al tema de los Bolcheviques—.

Le respondí: —Sí, y según los más abuelos que viven en los alrededores del pueblo, fue como el arcoíris que trae consigo una vida alegre. —terminé diciéndole—: Con las fotos te voy a traer el libro de Gonzalo Sánchez.

Julián, volvió a exclamar: —Esos abuelos son muchos, y bien huevóneeees.

—¿Y qué fue lo que pasó? —preguntó Mauricio, haciendo alusión al fracaso de los Bolcheviques—. Le dije: —Pues que la puta correspondencia del PSR de abortar el plan, no llegó a la mano de los líderes Bolcheviques.

Julián, con media caja de dientes por fuera producto de carcajadas de risa, volvió a exclamar: —Sí ve, muchos huevones. —y prosiguió preguntando—: ¿Quién putas era el presidente? —Mauricio le responde—: Miguel Abadía Méndez, el mismo gobierno conservador de la masacre de las Bananeras.

Mauricio hace un movimiento lento con sus manos que sujetaban la cámara, y por medio de la pantalla me muestra la foto que había tomado. Y con esa fe inquebrantable en la certeza que nos da la unidad política, la construcción de valores y la solidaridad al interior del ELN, me dice: —Tomás, colocaremos la dignidad de los Bolcheviques, de obreros y campesinos, más alto de lo que están los glaciares de la cordillera Central.